Reflexiones acera del carnaval de Oruro: a proposito des patrimono
(12-02-2008)El año 2001 la UNESCO declaró al carnaval de Oruro "Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad". Desde entonces han transcurrido siete años y creo que aún existe la necesidad de seguir discutiendo el significado del patrimonio con relación al carnaval.
La primera idea o sentimiento en la mente y corazón de los orureños es, sin duda, el de cierto orgullo acerca de este reconocimiento mundial. Por esta razón, frecuentemente se escucha repetir este título, en todo tipo de discursos, a veces con solemnidad y otras con cierto dramatismo. No es para menos, ya que el carnaval es uno de los principales referentes de la identidad del orureño.
No obstante, creo que se ha perdido de vista el significado del patrimonio, en el sentido de "herencia cultural de los antepasados". Hablando del carnaval de Oruro, es preciso recordar que se trata de un hecho socio-cultural que tiene sus antecedentes -según estudios sobre su origen e historia- en antiguas prácticas culturales precolombinas de los pueblos que habitaron la región. Aún hasta los años 40 del siglo XX, circulaba la versión de que el carnaval de diablos, morenos, sikuris, etc., era propio de los sectores "populares" e "indígenas".
Entonces, está claro de donde viene esta herencia cultural que hoy definimos como "patrimonio". Todo nos conduce al universo cultural indígena, cuyas prácticas y concepciones estructuran los elementos fundamentales del carnaval. Ritos y mitos entorno al supay o tío, las wak'as (espacios sagrados andinos como la víbora, el cóndor, el sapo, etc.), ch'allas y akullikus para la Pachamama. También se puede hablar del reconocido origen indígena de muchas danzas que caracterizan al carnaval.
Al rememorar estos aspectos, no pretendo dar una visión esencialista del carnaval, como si todo se habría mantenido igual a lo largo del tiempo. Sin duda, existieron y existen transformaciones y continuidades de algunos elementos e incorporación de otros, en función de las dinámicas y procesos que caracterizan a toda sociedad y cultura en su historia. Pero, aunque el carnaval actual resulta algo más que lo "puramente" indígena, pienso que es preciso no olvidar que su origen viene de ahí, que es la base del patrimonio.
Mi llamado de atención cuando digo que estamos perdiendo de vista el significado el patrimonio, se refiere a que no existe sintonía entre nuestros discursos y nuestras conductas y actitudes. Por un lado, decimos celebrar la "herencia de los antepasados", a partir de conformarnos con representar las "costumbres y tradiciones" indígenas mediante disfraces y emulación de ritos; por otro, no dejamos de lado nuestros prejuicios frente a cierto tipo de población debido a su condición étnica.
Los pueblos indígenas que son representados en carnaval, aún son objeto de miradas monoculturales que los discriminan, los excluyen o pretenden "civilizarlos". Por ello, quizás existen visiones como el rechazo frente al Festival de Morenadas, cuyos actores son básicamente del ámbito rural, con el argumento de que "desvirtúan el carnaval"; o frente a la realización de ritos populares en inmediaciones del templo del Socavón, el antiguo lugar (según estudios) de una wak'a andina, en nombre del respeto a "una verdadera" fe. En este mismo sentido puede entenderse la versión de que el Anata Andino (el carnaval de las comunidades, hecho presente en la ciudad con sus propios actores) representa una suerte de competencia frente a la Entrada urbana de danzas folklóricas y, por ello, quizás cuenta con escaso apoyo de las instituciones y autoridades locales.
Los actores del Anata Andino señalan que ellos son "genuinos", a diferencia del carnaval urbano donde "todo está cambiado". Versión que no trata de rivalizar con las manifestaciones urbanas, ya que, respetuosamente, la Anata se ha incorporado como una actividad más del carnaval. El sentido parece estar más vinculado a las demandas y reivindicaciones de los pueblos originarios de que no sólo quieren que se les reconozcan sus "tradiciones y costumbres", sino que se les reconozcan como pueblos, como colectividades, como seres humanos en fin; con todos sus derechos.
Por estas razones, aunque lo he expuesto muy resumidamente, creo que hay la necesidad de debatir el sentido del patrimonio, sobre todo cuando éste se interpreta como la "herencia cultural de los antepasados". No creo en verdades únicas y últimas y, por ello, pongo a consideración la mía, con el propósito de que el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad que ostenta nuestro carnaval, no sirva para imponer la visión de unos cuantos académicos o administradores de las políticas culturales en nuestro medio.
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