Campaña 2008

Texto de la campaña 2008 – Haití también tiene talento


Hacia el infierno y de regreso
 

“En comparación con la capital Puerto Príncipe, Cap Rouge es el paraíso”, afirma el campesino Joachim Sanon. “Aquí no hay bulla y el que quiere trabajar, tiene para comer. Yo no vuelvo nunca más; no estoy loco”.

Joachim y su mujer, André-Rose Lycée, viven en una granja pequeña en las colinas de Cap Rouge, un municipio de Kay Jacmel, cerca de la costa sur de Haití. Son padres de cuatro niños. Jodel Archange (10), Rose Hermith (6) y Frantz Cadet (3) viven con ellos en casa. Méliza (7) vive con su madrina de bautizo. André-Rose trabaja como profesora en la escuela primaria de Cap Rouge. Las clases son sólo por las mañanas. Por las tardes, ella labora en el campo. La familia es miembro de VEDEK, una organización de campesinos especializada en capacitaciones en técnicas agrícolas, que también toma iniciativas para mejorar los ingresos y la calidad de vida de las familias. Joachim se desempeña como tesorero de VEDEK.

De muchacho, Joachim tenía planes completamente diferentes. En 1981, partió a Puerto Príncipe para estudiar Electrónica y había decidido no volver jamás al campo. Diploma en mano, podría procurarse una buena vida en la ciudad. “Mi primera confrontación con la capital fue chocante”, cuenta. “Yo me quedaba con conocidos de mi madre. Éramos 16 personas en una sola vivienda y todos los días teníamos hambre. A veces volvía a mi casa en el campo para recoger algo de comer y poder seguir adelante”. Aun así, no pensaba en rendirse: “Uno se prepara. Uno quiere demostrar que, a pesar de todo, se puede sobrevivir en la ciudad. Me mudé donde un amigo y las cosas mejoraron un poco. Estudiaba y trabajaba al mismo tiempo. Después de que obtuve mi diploma en 1985, entré a laborar a una fábrica de repuestos electrónicos, un trabajo mal pagado”.

En ese período, él se mudó nuevamente; esta vez a Cité Soleil, el mayor barrio marginal de Puerto Príncipe. De los seis años en que vivió allá, a Joachim le quedan únicamente malos recuerdos: “Sólo animales pueden vivir ahí. Mosquitos y ratas. Vives hacinado, apesta terriblemente, el agua está contaminada, hay mucha miseria y gran falta de higiene. Pero mi respuesta era de nuevo ‘ofrecer resistencia’. Quería lograr algo. No soportaría quedarme desempleado; hasta aceptaba trabajos nocturnos. Era una vida indigna”.

Cuando el 30 de septiembre de 1991, ocurrió el golpe de Estado contra el presidente Aristide, le llegó el tiro de gracia. La fábrica cerró. “Para mí el golpe de Estado significó realmente una liberación”, señala Joachim. “Di por terminada mi estancia en la ciudad. Luego de once años decidí volver a Cap Rouge, donde mis padres, y allí darle un nuevo comienzo a mi vida”.


Campesino en Cap Rouge


“Mis padres se pusieron muy contentos al verme, aunque al principio no se daban cuenta de que tenía intenciones de quedarme”, dice Joachim sonriendo. “Incluso cuando compré unos cerdos, ellos creían que era para comerlos en la ciudad y no para criarlos. El primer año trabajé con ellos en la granja. Un tiempo después me dieron una parcela, para así poder empezar mi propia huerta. En 1992 me inicié en el cultivo de plátano. Adquirí 250 rizomas. La gente pensaba que yo estaba loco, cuando me veían caminar con una cesta llena de excremento de animales para abonar las plantaciones de plátano. Cuando vieron los resultados, también comenzaron a utilizar abono orgánico”.

De este modo, Joachim se convirtió en un pionero en la introducción de nuevas técnicas de cultivo, que la mayoría de campesinos de la zona emplean en la actualidad. André-Rose y Joachim explican cómo y por qué mantienen sus cerdos amarrados en los sembríos de banano. Cada día llevan a los animales de una plantación a otra, con el objetivo de que el abono llegue prontamente al lugar preciso. En su huerto, cultivan ñame, frijoles, verduras y frutas. “Así que la vida en Cap Rouge no está mal’, reflexiona Joachim. “Tenemos una casa; tenemos suficiente y variada comida; una familia. Hemos tomado responsabilidad y hemos recibido responsabilidad”.


Sembrando futuro


Esa responsabilidad a la que Joachim se refiere tiene que ver, por supuesto, con VEDEK (Vive Espoir pour le Développement de Cap Rouge, en francés), la confederación de los grupos de campesinos de la zona. VEDEK se fundó en 1988. Hoy en día, VEDEK reúne a una veintena de asociaciones de campesinos en diez pueblos.  Cada una de ellas agrupa de 20 a 40 familias.

Alguna vez la región vivió del cultivo de café. Pero cuando el mercado internacional del mismo se hundió, los campesinos pasaron a una situación de pobreza extrema. Para VEDEK, la prioridad número uno era que los lugareños cultivaran alimentos nuevamente. Una adecuada capacitación ayudaría a levantar y mejorar la producción de arroz, mandioca, zahína, sorgo, verduras, azúcar y ganado. Los campesinos construyeron silos para almacenar los alimentos. Debido a ello, pueden sustentarse durante todo un año de su propia cosecha.

El agua era un segundo problema. A raíz de la construcción de tanques de cemento para acopiar el agua de la lluvia, hay ahora suficiente líquido elemento para regar el huerto, para el lavado y para el ganado. Una gran mejora, ya que traer el agua de la fuente demanda un trabajo pesado y se desperdicia tiempo.

Debido a la tala de árboles en el pasado, existe también el gran problema de la erosión del suelo en las colinas de Cap Rouge. La tierra ya no se mantiene unida por una suerte de trenzado de raíces de árboles, arbustos y hierbas. Por esta razón, las laderas pierden su fértil capa superior quedando solamente rocas en su lugar. En este sentido, la atención se centra en la reforestación y el uso de técnicas agrícolas que protejan las pendientes.  La creación de terrazas es una de ellas, así como el sembrío de nuevas plantaciones en las alturas. “Pero también es muy importante plantar diversos tipos de cultivos agrícolas entremezclados, de manera que la tierra se cubra permanente de vegetación y que se mantenga cohesionada por las raíces”, asevera Joachim. “Las cabras son, igualmente, elementos nocivos. Se comen las hojas de los arbolitos jóvenes y con la pisada de sus pezuñas ocasionan el desmorono de la tierra. Una medida relevante al respecto es que ya no se les deja sueltas, sino que se les custodia atándoseles  a una cuerda”. Joachim muestra su propio método: él mantiene sus cabras en una cerca y cultiva su alimento en un campo aparte. “Así el seto está cubierto de vegetación y ya no existe posibilidad alguna de erosión”.


Las mujeres crean la economía rural

Desde hace algún tiempo, VEDEK estimula también la venta de productos agrícolas procesados en las comunidades. Sobre todo son las mujeres quienes aportan con ello un ingreso extra a la economía familiar. En Cap Rouge, ellas se dedican a la producción de licor y elaboración de mermelada y manteca de cacahuete. Asimismo, ellas son dueñas de una panadería. Este tipo de iniciativas hace que la gente cuente con dinero para la escuela, para el cuidado de la salud o para los artículos del hogar.

Donde las mujeres mismas pueden procesar sus productos y llevarlos al consumidor, se crea empleos más allá de la agricultura. Si ello puede crecer, se incrementaría del mismo modo la confianza en el futuro del campo. André-Rose y Joachim comparten este sueño también para sus niños. Joachim quiere evitar que sus hijos pasen por lo mismo que él en Puerto Príncipe. “Yo quiero que ellos puedan estudiar, pero para después trabajar en Cap Rouge y comprometerse con la comunidad”, comenta.


Los jóvenes prefieren el campo


Jóvenes que han estado en ciudades como Jacmel o Puerto Príncipe para estudiar, sueñan con una vida que sea más que trabajar, comer y dormir. En el campo tiene que haber oportunidades de desarrollo para los jóvenes. Por este motivo, VEDEK fundó la Commission Jeune, un movimiento para la juventud, que cuenta con una modesta biblioteca y un quiosco que sirve como sala de reuniones y lugar de encuentro. La Commission Jeune realiza actividades varias y se encuentra bajo el liderazgo de Lena Jean-Baptiste, una mujer joven y dinámica. Este hecho deviene de suma importancia, porque rompe patrones tradicionales acerca de la posición inferior de la mujer en la sociedad haitiana.
El movimiento juvenil existe de la misma manera que otras comisiones que trabajan en temas de VEDEK. Así los jóvenes también pueden dedicarse a elaborar nuevas iniciativas. Ellos creen que aquí la economía rural puede crecer y ofrecer más perspectivas a futuro que la vida en los tugurios de la ciudad.


El milagro de Haití


“Es una paradoja el hecho de que en nuestro país se tenga un Estado central que nunca ha asumido su responsabilidad, mientras que es en las bases, donde los campesinos se han organizado siempre para trabajar conjuntamente por una vida mejor. Para mí, la población rural ha efectuado un milagro, al seguir trabajando, al seguir produciendo, al continuar luchando por el mantenimiento de la agricultura familiar y de la propia cultura en años turbulentos. VEDEK en Cap Rouge constituye un ejemplo digno de admiración”. Son las palabras de Camille Chalmers, socio-economista, profesor de la universidad pública de Haití, y también coordinador de PAPDA (Plataforma haitiana de Defensa de un Desarrollo Alternativo), una organización coparte de Broederlijk Delen. PAPDA es una coalición de agrupaciones sociales y movimientos que trabajan en torno a desarrollo.

PAPDA asiste a VEDEK como proyecto piloto. Su función consiste en dar cursos de formación y apoyarlo en sus iniciativas. Mujeres que quieren iniciar un negocio con la crianza de cabras pueden acudir a PAPDA. Allí reciben una cabra a manera de préstamo. Ellas pueden pagar su deuda con cabritos, los cuales, en su momento, sirven también para darlos en préstamo a otras familias. De la misma forma, las mujeres pueden recibir gallinas ponedoras y gallos para comenzar la producción de huevos o la crianza de gallinas ponedoras.


Los propios planes de agrupaciones de personas

La oportunidad de realizar los propios planes de asociaciones de personas contra la pobreza y la desigualdad…  Según Camille Chalmers, el enfoque típico de Broederlijk Delen coincide precisamente con los métodos de trabajo de PAPDA: “Los verdaderos protagonistas son los grupos en las bases: asociaciones de mujeres, grupos sindicales, comunidades locales. Ellos son los que crean nuevas fórmulas de desarrollo. Si realmente se toma en cuenta los planes propios de la gente, se creará desarrollo sostenible.


Soberanía alimentaria


Fundamental en el trabajo de PAPDA se halla el programa sobre soberanía alimentaria: el derecho de los países a ejercer su propia política agrícola y a proteger la producción interna de alimentos, de manera que los campesinos puedan sustentar a su población y no que deban vivir de importaciones. Este es un tema muy actual en Haití. Desde 1996, esta nación se ha convertido en víctima de una liberalización salvaje de la economía. Según el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para que Haití pudiera conseguir la reducción de su deuda externa, debía abrir de golpe su mercado. Los aranceles aplicables a las importaciones de cultivos alimenticios estratégicos como el maíz y el arroz bajaron entonces del 50% al 3%, y para los otros productos agrícolas al 0%. Alimentos baratos sobrantes en el mercado mundial – sobre todo provenientes de los Estados Unidos – invaden el país masivamente.

“Las consecuencias son sumamente graves”, según Camille Chalmers. “En los principales cuatro sectores de la agricultura de Haití; es decir, en la producción de azúcar, arroz, pollo y huevo, hemos perdido 830 mil puestos de trabajo en los últimos ocho años. Ello significa que cada año cien mil personas se quedaron sin medios de subsistencia. Hoy en día hay todavía 90 mil personas activas en el cultivo del arroz. Si no cambia nada en la política, podemos estar seguros de que ellos también serán expulsados del mercado”.

Mientras tanto, la capital Puerto Príncipe se ha extendido cual mancha de aceite. Los barrios marginales en los alrededores de la ciudad alcanzan ya las localidades vecinas de Delmas, Carrefour y Fond-Parisien. Esta aglomeración cuenta con unos 2.5 a 3 millones de habitantes, un tercio de toda la población. “La gente habla frecuentemente de la ‘república de Puerto Príncipe’, porque la política de los sucesivos gobiernos solamente se concentraba en la capital y desatendía los requerimientos del campo”, afirma Camille. “Los barrios pobres son la consecuencia de esta política nefasta”.


Mandioca versus trigo


Los habitantes de Cap Rouge advierten, así mismo, en la actualidad, una competencia con los alimentos importados. La mandioca es un producto tradicional que se cosecha adecuadamente en zonas montañosas. Pero el consumo de la misma ha disminuido. Su lugar ha sido ocupado por el pan, preparado con trigo barato importado de Estados Unidos.
A pesar de esto, ellos quieren recuperar un segmento del mercado alimenticio interno. No con trigo, porque no crece en esta región tropical, sino con mandioca. Al respecto, el 2007 fue un año trascendental para VEDEK. Los campesinos abrieron formalmente en abril su propia ‘casabera’, un inmueble que contiene molinos para pulverizar la mandioca, un área de trabajo y una tienda. Junto a estas instalaciones, levantaron un gran tanque para almacenar agua de lluvia y lavar las raíces de las mandiocas. La casabera compra estas raíces y las procesa hasta convertirlas en harina de mandioca (cazabe). La harina es envasada en bolsas etiquetadas y luego se le pone a la venta.

Las ventajas son obvias. La harina de mandioca empaquetada es más fácil de transportar a través de las malas carreteras. Pero sobre todo, los campesinos anhelan que su fécula sea utilizada en las panaderías para la elaboración del ya popular pan. Ello es posible también si se mezcla la harina de mandioca con la importada de trigo. Si una parte del trigo es reemplazada por un producto local, se provocaría un verdadero crecimiento en los ingresos de los pobladores.

Aproximadamente unos cientos de campesinos son socios de la casabera. Con un préstamo inicial pueden comprar las raíces. Al momento de cosechar, pagan el préstamo en especie. La casabera compra, así mismo, mandioca de los campesinos que no son miembros. De este modo, se alienta a la gente a sembrar más mandioca. A fin de año, la casabera reserva una parte de las ganancias para nuevas inversiones y como capital de trabajo. El resto se reparte entre los socios.
Cuando la casabera empiece a marchar bien, los campesinos desean vender también otros productos agrícolas: berenjenas, coles, frijoles, pimientos, etc. Esto es recién el comienzo. El verdadero reto consiste en incrementar la producción y extender el mercado a la ciudad cercana de Jacmel, y después a Puerto Príncipe.

El mal estado de las carreteras constituye en la actualidad un obstáculo. Al mismo tiempo, todo el negocio intermediario se encuentra en manos de terceros que se quedan con la mitad de la ganancia. Junto a otros campesinos de VEDEK, Joachim y André-Rose sueñan con el día en que los pobladores de Cap Rouge conduciendo camiones alquilados puedan vencer las malas pistas y puedan vender ellos mismos su cosecha en la ciudad: “Si se cuenta con medios de transporte, se puede vender la cosecha de forma conjunta, pero también comprar bienes de modo conjunto. Eso es más ventajoso”.


En propias manos


Lo que los campesinos en Cap Rouge logran es para Camille Chalmers un ejemplo perfecto de lo que PAPDA quiere decir con “los campesinos son los protagonistas del desarrollo rural”. “Estos campesinos se encuentran en un momento interesante en el desarrollo de su región”, expresa la coordinadora de PAPDA, “específicamente en el paso de una agricultura alimentaria de autoconsumo a la producción agrícola para el procesamiento y venta en el mercado interno. Para ello deben organizarse, capacitarse, aumentar su producción, poner atención en la calidad, y ellos mismos administrar el circuito comercial hasta el consumidor final. Ésta es la nueva lógica que los campesinos deben aprender”.
“Los grupos de campesinos deben hacer esto solos. Lamentablemente, el Estado no ejerce política agrícola alguna que aliente la producción agraria. Pero ello también debe cambiar. Una parte de nuestro trabajo es justamente conseguir que la gente de las bases entienda lo que se habla a nivel de política nacional, que sus puntos de vista y su voz pueda dejarse escuchar, y que los políticos respeten sus opciones”.


Una voz más fuerte para los campesinos


Junto a sus organizaciones miembros, PAPDA mantiene la presión en la caldera política. PADPA apoya y fortalece a los movimientos en las bases en sus negociaciones con autoridades a nivel local y nacional. Igualmente, sigue de cerca las discusiones sobre tratados de comercio internacionales. Hace cabildeo en redes internacionales y participa en encuentros como el Foro Social Mundial. Vía PAPDA tienen los campesinos también una voz en el cabildeo de Broederlijk Delen y en redes como la Coordinadora Europa-Haití, entidad defensora de las ONGs haitianas ante la Unión Europea.
“En espera de una mejor política, los campesinos realizan lo que está a su alcance”, dice Camille Chalmers. “Nosotros estamos convencidos de que Haití tiene un futuro. Hay muchas barreras que deben ser derribadas, pero para ello estamos bendecidos con la creatividad de la población campesina haitiana y una cultura rica en cooperación. Nosotros continuamos trabajando; tenemos esperanza”.


‘Van karèm’: la esperanza renace

 
En la primavera sopla un viento seco y fuerte en Haití. El ‘van karèm’, el “viento de la cuaresma”, es ideal para que los niños hagan volar sus cometas confeccionadas por ellos mismos. Hasta la Pascua de Resurrección se les ve por todos lados, tanto en la ciudad como en el campo. Los haitianos mismos no le otorgan un significado extra, pero para el visitante europeo que ve cómo la gente de este país en desgracia cada día toma valor para ponerse a trabajar, las cometas representan coloridas señales de que la esperanza de resurgir del sufrimiento y de la esclavitud es indestructible.

“Las ganas de vivir y la esperanza de prosperidad se encuentran impregnadas en la cultura haitiana”, afirma William Smarth, teólogo y sacerdote en la ciudad Les Cayes. “En Haití podemos hallar en todas partes el tema de la vida en el folclore y la cultura. El haitiano ama la vida. Pero se topa con muchos obstáculos. A nosotros nos toca eliminar esos obstáculos y edificar el Reino de Dios, un futuro con paz y justicia. En los últimos años nos hemos dado cuenta de que el progreso no se trata sólo de desarrollo, sino también de emancipación de estructuras opresoras. El pueblo haitiano está en condiciones de construir algo nuevo de los añicos del pasado”.


La historia continúa


La imagen de las cometas se nos ha quedado grabada. Ella habla de una libertad adyacente, del futuro elegido por ellos mismos, de los planes diseñados por grupos de personas contra la pobreza y la injusticia. Esto nos reta a dejar soplar un ‘van karèm’ en Flandes, y confiar esta imagen de futuro a los hilos de la solidaridad y la cooperación.

No es un sueño, sino un futuro que gracias a André-Rose, Joachim, VEDEK y los varios grupos de campesinos cada día se va volviendo realidad. Estamos orgullosos de contar con ellos como “organizaciones copartes”. Ello significa que, a través de nuestro apoyo, sus propios planes ocupan un lugar en su historia. Invitamos a todos a comprometerse en la continuación de la misma.